viernes, 28 de marzo de 2008

La Curva

La licencia


Cuando conocí a “la curva” --como decidí llamarle para delegar en dos o tres puntos de apoyo adicional un problema que pudiera ser de identidad pero que resultó ser de equilibrio --respondía al nombre de Zara White. No puedo decir que fuera descendiente inmediata de ingleses o americanos, eso se lo pregunté varias veces pero me explicó que pertenecía a una familia que desde hace por lo menos sesenta años vive en Medellín y de la cual ella conservaba solamente el apellido.

Mis amigos, a no ser que el huracán metal o checho se hayan percatado, no la conocieron. Yo por ese entonces andaba por una oscuridad más bien ingenua y nos distanciamos, me refiero a los lectores de este colectivo. Estamos hablando de octubre o noviembre de 2001 para que revisen sus diarios.

Ambos sosteníamos conversaciones con matices políticos, melómanos, gastronómicos, (conversaciones sin rigor ninguno, carentes de pies de pagina y citas) dentro de las cuales ella me contaba historias cortas de su familia, de la emigración de la ciudad al campo que tuvo que hacer su madre, con sus hijos para vivir en la antigua casa de sus abuelos paternos en El Magdalena Medio, de la muerte de su padre, en circunstancias oscuras víctima de un par de heridas de bala.

Tuve la oportunidad de conocer a su madre doña Dolores Plata, señora con acento santandereano, quien 5 años después, en febrero de 2007 (Era de Eli) me buscó para que recogiera una herencia que me había dejado Zara. Colgué el teléfono sin atisbar que doña Dolores había dicho herencia, yo en mi memoria material pensé que me devolvería algún disco compacto o cualquier libro barato de poesía colombiana, pero nada. Con el mal tino de que luego, me fui a preguntarle a doña Lola que para donde se había ido a estudiar Zara. Recuerdo que alguna vez ella me había boceteado planes de irse a estudiar letras inglesas a Australia –Zara no se fue a estudiar Guti, ella se murió hace un mes—

Doña dolores aun golpeada por la muerte de su hija, que ya había padecido el luto de su hijo menor y de su marido, no reparó en reclamos y me entrego un paquetico con la herencia de Zara. En la escena siguiente me tocó representar a un bronceado simio, mal informado y sordo, que había echado por la borda con facilidad la amistad de una amiga bien especial e inteligente como Zara, y que ahora, en frente de su madre, se tomaba un vaso de jugo de maracuyá bastante acido, que inventaba mil formas para decir gracias por un jugo helado y estándar, cuando lo acertado debía ser: qué pena, no sabe cuánto lo siento, no merezco nada de Zara doña Lola, su hija era una mujer muy bella.

Esto último sí se lo dije a doña Dolores, no podría ser tal mi grado de insolencia e ingratitud, se lo dije gagueando, no porque lo sintiera tenuemente, sino porque no tenia corazón para mover la lengua. Eso me pasa en los lutos y en otras circunstancias en las que la muerte aporta su primera letra.

La herencia de Zara

El paquetico contenía un cuaderno cosido de papel bond con 39 x 24,8 cm de dimensiones generales, escrito íntegramente, mitad con una materia típica de ingenierías de la Nacional: teoría de la programación (algoritmos) y el resto manuscrito a lápiz, a lapicero rojo, a lapicero negro, con un texto cuya primera hojeada no permitía pensar en una Dendrología o estadística, más bien pensé, en una prosa ociosa enriquecida con dibujos abstractos y narrativos.

Introduje la mano en el sobre de manila ajado y salieron otras cuantas hojas reutilizadas: Unas fotocopias de unos textos de Mario Bunge y de Josefina la cantora o la ciudad de los ratones, dobladas por mitades y manuscritas por el reverso consistentes con el cuaderno entre tintas y caligrafía.

Introduje nuevamente mi mano y mis dedos arañaron un papel que parecía un billete y lo agarré con el dedo índice y el anular (sin dejar de emocionarme). Comprobé que efectivamente se trataba de un billete de cincuenta pesos oro de 1972 serie 2342133498, con una frase en lapicero negro toda en mayúsculas y ni parecida a la de Zara que decía: SALVE DIOS TODOPODEROSO, enseguida un número de seis dígitos 5711 53 (un teléfono).

En el fondo de la bolsa tan sólo quedaron los ganchos que sujetaban las hojas y un sutil olor a lo que, en ese momento pensé, olía Zara.

Las señas de zara

Zara era una mujer no muy alta de pelo crespo a mitad del cuello (omito descripciones corporales exhaustivas, pues si optan por leer su relato, conocerán lentamente sus facciones). Estudiaba estadística en la Universidad, nació en 1979 creo que en el mes de diciembre (no querría investigar). Firmaba como Sara D. White. Que proviene de Sara Dalia, que me he encontrado repetido a lo largo de la lectura de su manuscrito. Pero yo prefiero llamarle Zara Douglas White.

Única mujer de tres hermanos: dos hombres mayores: Gerardo y Ubeimar (o gweimar). A wéimar aun me lo topo por la calle, Gerardo si murió muy pequeño. Hija de Dolores Plata --parece que lo primero sí, lo segundo no-- y de don Domingo White Rada.

No se le conocieron ni novios, ni novias. Me consta que tuvo una vida muy bohemia, digna compañera de copas, y que pretendía a muchos chicos de nuestra edad. Además un gusto condenado por la Sonora matancera, gusto que heredara de su padre, melómano de quien aun vi rastros de su discoteca en mi visita vergonzante por su casa.

No negaba un saludo, ponía condiciones a la hora de hacer tratos, abrazaba con mucha facilidad y callaba cuando no era necesario hablar, de una sensibilidad suma (notable por cada uno de las escenas que pudo escribir), y de una belleza única a la hora de partir. Ofrecía su mejilla para que le besaran, se despedía a pesar de las decepciones con un fuerte apretón de manos, lucía chaqueta de cuero y como a todos, no le gustaba la ropa limpia y nueva.

Zara empezó a estudiar tarde en su vida, eso si menor de lo que cuenta. Hasta cuando tuvo que volver del campo. Por enseñanza de su madre aprendió a leer y escribir y a pesar de su des-escolarización contaba con una prodigiosa inteligencia que le permitía razonar acerca de muchos episodios naturales a su corta edad. Es por eso que no podríamos dudar del genio de la niña que narra por que la escribiera una niña de ya 25 años, con varios libros y amantes encima y debajo. La niña efectivamente era prodigiosa y su madre siempre la ocupo en tareas que requirieran astucia e inteligencia, además de que le conversaba todo el tiempo acerca de cómo se vivía, del orden del mundo, de las cosas, de la gente.

Acerca del seudónimo

Yo escribo Sara con Z para darle más sofisticación, pero igual ella se llama a sí misma a lo largo de su manuscrito: Emma, a veces Dalia, a veces Feliza. No he hecho un análisis (ni haré) psicológico de su escritura, que determine las razones por las cuales no se conforma siendo una. Pero también conocía a algunos múltiples, si llegara a ser su inquietud señores. Probablemente sí tomaría esta idea fundamental para rentar su mano escritora al mejor hígado, y para además desproveer del carácter personal, autobiográfico a su historia. Por que era buena para reproducir hígados.

Si es del caso se la puede acusar de plagiadora, su madre podría llorar de indignación pero, ¿cuál?, no estamos publicando nada suyo todavía y se puede adelantar un proceso legal si fuera del caso. Los múltiples, a quienes Sara imitara han muerto y este colectivo es casi una cofradía secreta.

El manuscrito y la trascripción

La presentación física del manuscrito ya la conocen. Se trata de una caligrafía bella con el lapicero, pero menos bella con lápiz. Sara era zurda como se evidencia en varios pasajes. Tiene obvios errores (ortográficos, semánticos, de léxico) e inconsistencias en su manuscrito con nombres, secuencias, situaciones, etc., orden que yo no tengo ni derecho, ni responsabilidad, ni soy capaz, ni se me pagó para enmendar ni traducir.

En total conté 204 páginas escritas en 19 fragmentos o menos. No tienen orden numérico pero mientras están en el cuaderno el orden es evidente. Hay notas también alusivas al orden sobre los encabezados de cada fotocopia reutilizada. Para algún capítulo, en especial el que pongo como cero (a petición explicita de zara QEPD), escrito sobre las fotocopias, no encontré un orden. Entonces tuve que recurrir a lo escrito por detrás,--el relato de Kafka--, para encontrarle lugar a este grandioso fragmento, que parece el abre bocas de lo que nos contará Sara –que puede también no ser el prologo sino una prosa crítica aislada de alguna situación, o una alusión a algún pasaje de la literatura—

Por lo que he trascrito y conocí de ella, Zara no era una mujer a la que le interesara el suspenso, el misterio. No le gustaban las sorpresas y prefería la cadencia moribunda del final conocido, al clímax final truculento que desmadeja las películas que han sido decentemente enredadas.


Acerca de la muerte de Sara

Sara murió siendo una heroína para mí, aunque de eso me haya enterado 6 años después de dejarla de frecuentar y casi un año después de su muerte –un año me ha tomado emprender esta tarea y es ahora cuando por fin me atrevo, con el desafío del colectivo el Caldero y con su licencia, obviamente—Como es un trabajo de trascripción me tomo el atrevimiento de escribirla a ella y espero no haya reclamos que puedan entorpecer mi vida, que me permitan seguir viviendo.

Sara no murió de una sobredosis de anfetaminas victima de una vida bohemia. Tampoco de cirrosis. Sara no se suicidó ni murió asesinada (según lo que he podido leer, ella hubiera buscado al criminal capaz de propinarle una muerte ceremoniosa). Sara no creía que el amor estuviera cerca, ella misma era amor o lo secretaba, por eso estalló.

Sara falleció el 14 de diciembre de 2007 victima de un ataque mortífero de influenza en las camas de urgencias del hospital Pablo Tobón Uribe. Al parecer una mojada sobre una bronquitis mal cuidada devino en neumonía y hoy deja en mis manos la responsabilidad de transcribir su vida, su intensión, su sensibilidad, su amor, en esta afección mía tardía por la escritura.

A El Caldero

Al caldero les ruego admitan a Zara entre sus filas ella es más silenciosa que una muerta y no ocupa muchas megas. Publicaré la trascripción como documento adjunto para que no estorbe como un cadáver. Espero que no tengan inquietudes que no sean de lectura, de mera trama. Espero no tener que dar detalles acerca de esta relación oscura con Zara que ya que tuve que admitirla mediatamente con Eli, serían una carga adicional para esta tarea tan agotadora.

Este escrito aparecerá dentro de la autoría de la curva, pero yo Guti respondería por él, lo considero más honesto que publicarlo bajo mi usuario. Si alguno de los miembros lo considerara impertinente para un espacio tal. Por favor me avisa yo procedo a quemarlo o a hacérselo llegar impreso (para no perder el trabajo de la semana santa).

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