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Obertura
Donde Emma encuentra una nota en el bolsillo del pantalón de quien fuera su cómplice, su amigo y su amante, difunto. Tras la lectura de esa nota, Emma, consumida por el delirio malsano, fúnebre, decide contarnos su historia y la historia de los otros confundidos en su vida. [1]
“...luego vi consumirse el mundo y me di cuenta de que todos habíamos contribuido para la expansión del gran incendio. Ráfagas de fuego caían sobre la huella recién impresa, mientras ella y yo, cogidos de la mano eludíamos los obstáculos diurnos para poder contemplar la saciedad de la tarde. Las gentes corrían, se desplazaban negligentes hacia una visión de menos amparo y dejaban las promesas de morir intactos, inmaculados, consumirse con el fuego rimbombante, conmovedor. El fuego removió la tierra con furia y los primeros expulsados fueron los que se preferían humanos. Nosotros animales, comíamos fuego y dejamos escritos en los bolsillos, evidencias fuertes de continuidad, de curva, de dolor.
El relieve de mi vida había aparecido gracias a una eterna erosión: el sol, el viento, el agua, unas erupciones, en ultimas el sol, forjaron una y tantas veces lo que yo podía disfrutar de la tarde. El recuerdo de mí se reinventaba cada que el sol salía, así lo que podía decir de lo enteramente mío, lo de mi historia, venia con el día y se iba con el día. La noche era la profunda ausencia de ahora: era ayer. La cámara de mis sueños había retratado un gran incendio y yo joven convencido entendí que no tenia opción para ocuparme de extinguirle con mis entrañas.
Esa es la historia de estas laderas que hoy contemplo con embeleco, los caminos, las pisadas y las tierras erosionadas y repobladas por visitantes sin memoria. Los caminos polvorientos y las pencas de fique prestas a atravesarme la piel, que rodean cada potrero, cada voluntad en los campos despoblados. La soledad se había comido este valle. Se había comido familias enteras, se había devorado a la familia que conocía, a la que contemplaba regada al sol, en otros tiempos, en otro campo, en otro país, contra otra historia.”
Obertura
Donde Emma encuentra una nota en el bolsillo del pantalón de quien fuera su cómplice, su amigo y su amante, difunto. Tras la lectura de esa nota, Emma, consumida por el delirio malsano, fúnebre, decide contarnos su historia y la historia de los otros confundidos en su vida. [1]
“...luego vi consumirse el mundo y me di cuenta de que todos habíamos contribuido para la expansión del gran incendio. Ráfagas de fuego caían sobre la huella recién impresa, mientras ella y yo, cogidos de la mano eludíamos los obstáculos diurnos para poder contemplar la saciedad de la tarde. Las gentes corrían, se desplazaban negligentes hacia una visión de menos amparo y dejaban las promesas de morir intactos, inmaculados, consumirse con el fuego rimbombante, conmovedor. El fuego removió la tierra con furia y los primeros expulsados fueron los que se preferían humanos. Nosotros animales, comíamos fuego y dejamos escritos en los bolsillos, evidencias fuertes de continuidad, de curva, de dolor.
El relieve de mi vida había aparecido gracias a una eterna erosión: el sol, el viento, el agua, unas erupciones, en ultimas el sol, forjaron una y tantas veces lo que yo podía disfrutar de la tarde. El recuerdo de mí se reinventaba cada que el sol salía, así lo que podía decir de lo enteramente mío, lo de mi historia, venia con el día y se iba con el día. La noche era la profunda ausencia de ahora: era ayer. La cámara de mis sueños había retratado un gran incendio y yo joven convencido entendí que no tenia opción para ocuparme de extinguirle con mis entrañas.
Esa es la historia de estas laderas que hoy contemplo con embeleco, los caminos, las pisadas y las tierras erosionadas y repobladas por visitantes sin memoria. Los caminos polvorientos y las pencas de fique prestas a atravesarme la piel, que rodean cada potrero, cada voluntad en los campos despoblados. La soledad se había comido este valle. Se había comido familias enteras, se había devorado a la familia que conocía, a la que contemplaba regada al sol, en otros tiempos, en otro campo, en otro país, contra otra historia.”
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[1] Los capítulos están encabezados con una pequeña sinopsis parecidas a las de obras como el quijote, el Decamerón, Las mil noches y una noche, etc.—no recuerdo más-- y hay uno que otro epígrafe, que al lector corresponde conectarlo. Esto facilita mucho tanto la transcripción como la lectura. La mayoría de las sinopsis no corresponden con lo relatado en el capitulo. Esto puede interpretarse como que Zara White escribió estos aperitivos antes de lanzarse a la escritura del capitulo, que se va moviendo como sierpe cobarde. Puede calificarse como un recurso literario o como un espantador de tranquilidades de la desgastada narradora.
[1] Los capítulos están encabezados con una pequeña sinopsis parecidas a las de obras como el quijote, el Decamerón, Las mil noches y una noche, etc.—no recuerdo más-- y hay uno que otro epígrafe, que al lector corresponde conectarlo. Esto facilita mucho tanto la transcripción como la lectura. La mayoría de las sinopsis no corresponden con lo relatado en el capitulo. Esto puede interpretarse como que Zara White escribió estos aperitivos antes de lanzarse a la escritura del capitulo, que se va moviendo como sierpe cobarde. Puede calificarse como un recurso literario o como un espantador de tranquilidades de la desgastada narradora.
2 comentarios:
Encuentro vinculos entre aquella primera pintura que checho nos regaló en su segundo golpe. Un cerro en llamas, un fuego descomunal que recubre los montes colombianos que opone al que muere los sobrevivientes. También siento un aire huracanudo en esa prosa de la curva que quisiera pensar encaja con precisión dentro del organismo de este caldero.
Escogí la fotografía de la curva, casí pensando enque así debía lucir, en estos primeros episodios. Es necesario que se den un paseo por la obra de este fotografo: Jock Sturges. Poco sé de él. Sin embargo, encontrarán una galería de preciosas imagenes que no dejo de comparar con aquellas de bresson y su muchette, o al ladrón de bicicletas, con debora Arango o con Ligia Cruz. A la infanta margarita o a rembrandt. ¿Cuanto puede decir un rostro, una pose? ¿Cuanto inspiran?
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